El tablero político en Venezuela. Gobierno vs Oposición
viernes 12 de enero de 2024
Una economía con una inflación acumulada sobre el 209%, a pesar de un crecimiento tímido en la industria petrolera, hace que los escenarios políticos para el año 2024 mantengan la constante incertidumbre de la realización o no de la elección presidencial
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El 2023 terminó con un complejo e interesante balance ya que se produjeron varios acontecimientos que han marcado la agenda nacional e internacional en relación al ejercicio del poder en el país. Algunos de los aspectos más relevantes fueron:

- La desincorporación de Tarek El Aissami del alto mando político (20 de marzo)
- Nuevos rectores del CNE (24 de agosto)
- Acuerdo entre el Gobierno de Venezuela y la Plataforma Unitaria Democrática en Barbados (17 de octubre)
- Conversaciones bilaterales entre Venezuela y Estados Unidos con el auspicio de Qatar.
- Primaria de la Plataforma Unitaria Democrática para elegir al candidato presidencial unitario (22 de octubre). Resultado: María Corina Machado es la candidata presidencial unitaria.
- Referendo Consultivo sobre la defensa del Esequibo (3 de diciembre)
- Acuerdo entre Venezuela y Guyana en San Vicente y las Granadinas (14 de diciembre)
- María Corina Machado acude al TSJ a solicitar revisión de su inhabilitación política (15 de diciembre)
- Canje de prisioneros políticos de Venezuela y EE.UU. destacando la excarcelación de Alex Saab, ciudadanos norteamericanos, Roberto Abdul, sindicalistas venezolanos y un joven estudiante, el marco de los acuerdos entre Caracas y Washington (a partir de 19 de diciembre), lo que refuerza lo acordado en Barbados.

Todo esto marcado por una economía con una inflación acumulada sobre el 209% a pesar de un crecimiento tímido en la industria petrolera, lo hace que los escenarios políticos para el año 2024 mantengan la constante incertidumbre de la realización o no de la elección presidencial y quiénes podrían ser los candidatos. Actualmente este escenario está polarizado entre María Corina Machado y Nicolás Maduro. No obstante, el panorama no cuenta, hasta ahora, con posibilidad dominante de concretarse el proceso electoral por la latente postergación por “interés nacional” por el conflicto territorial sobre el Esequibo con Guyana.

Visto así, el gobierno de Maduro sigue firme en su objetivo de lograr la “estabilización del ejercicio del poder”, siendo clave los acercamientos entre Maduro y Biden, no bajo la falsa lectura de que EE.UU. otorga concesiones a una cúpula chavista saliente y débil, sino que los acercamientos entre ambos gobiernos se dan bajo un reconocimiento “de facto” de dos administraciones estables. EE.UU. reconoce, por la vía de hechos, la tendencia a la permanencia del poder del chavismo, por lo cual, empieza a reconsiderar cómo abordar sus relaciones con el país y obtener beneficios basados en su interés nacional.

Otros elementos que dan cuenta de la estabilización de ejercicio del poder del gobierno de Maduro se observan bajo los avances en los acuerdos en Barbados y los recientes anuncios en materia energética con la renovación de licencias a petroleras extranjeras y el acuerdo con Trinidad y Tobago para la explotación de gas en el Campo Dragón.

En este sentido, podríamos ver un comportamiento tendiente a la apertura democrática siempre que la misma no represente riesgo existencial del dominio político del chavismo, con el objetivo de lograr el levantamiento de todas las sanciones, incluyendo las personales. Esto se evidencia con la constante frase de distintos lideres del PSUV al asegurar “Elecciones libres… pero libres de sanciones”, entendiéndose que se refieren a las personales, que son la que comprometen la integridad de los lideres del chavismo.

En resumen: el gobierno nacional apunta a afianzar su estabilización siendo visible la posibilidad de ceder o acceder al reconocimiento de actores opositores y apertura sistémica bajo la condición de que no represente un peligro total a su dominio e integridad.

La oposición alineada a la Plataforma Unitaria Democrática pareciera centrar sus acciones en la promoción de la agenda electoral del 2024, bajo el enfoque de presionar para promover condiciones justas para hacer del proceso electoral competitivo y así tener posibilidades reales de cobrar. En este sentido buscaría promover la habilitación de María Corina como su candidata, lo que le imprimiría legitimidad y acompañamiento de peso al proceso. Lograr una habilitación de Machado a inicios o mediados de año no es la victoria, sino que logre mantenerse hasta el desarrollo del proceso electoral. Cabe destacar que la posible habilitación de María Corina, no necesariamente implicaría el reconocimiento de Vente Venezuela como un partido político ante el CNE.

No obstante, al mantenerse la probabilidad de que María Corina Machado no pueda competir en las presidenciales contra el candidato del PSUV, seguiría siendo clave su liderazgo al definir un posible sustituto ya que cualquier candidato sucesor elegido por ella recogería el ropaje electoral que su liderazgo le imprimiría aunque no sería una figura totalmente fuerte y robusta, en teoría, como lo es actualmente María Corina Machado. Por lo tanto, las cualidades personales y políticas de un posible sucesor sería determinante para la contienda electoral.

Visto así, sería errado y desatinado que la PUD no unifique esfuerzos para promover la defensa de los derechos políticos de María Corina Machado, quien fue ganadora de la primaria, ya que su ropaje electoral, social y simbólico es expresión del rechazo tanto al PSUV y también a la dirigencia tradicional de la oposición.

En este sentido, el interés de la oposición de hacer un proceso electoral creíble tiene afinidad con el interés del chavismo de hacer del proceso electoral reconocible para lograr el levantamiento de las sanciones personales. Para la oposición, el levantamiento de las sanciones debería ser después del proceso electoral, para el gobierno debe ser antes como condición indiscutible, pero lo central es que a ambos lados les conviene en este momento promover un proceso electoral lo más creíble y reconocible. El desgaste nacional lo exige y el “caso Venezuela” ante los ojos del mundo se torna agotador y cíclico.

En otro orden, el balance del 2023 evidenció que la “Alianza Democrática” se desintegró en el ejercicio propio de su dinámica y agenda particular de cada partido que la conforma ya que, en la actualidad cuenta con distintos candidatos presidenciales: AD – Bernabé con Luis Eduardo Martínez, Primero Venezuela con José Brito, El Cambio no ha definido formalmente la posición de Javier Bertucci ni ha respaldado públicamente a algún candidato. Se comentó en el mundillo político que Cambiemos de Timoteo Zambrano habría acordado una alianza con El Lápiz para promover la candidatura independiente de Antonio Ecarri, lo que haría que otro partido de la Alianza Democrática jugara bajo un interés particular. En fin, la agrupación de partidos alineados bajo la agenda común de ser oposición al gobierno de Maduro y de la Plataforma Unitaria Democrática, se proyecta, hasta ahora, desarticulada.

Sobre los partidos denominados Independientes vemos que El Lápiz ya definió su posición sobre el escenario electoral con la candidatura de Ecarri quien ha definido su curso de acción con una narrativa contra el gobierno y la PUD. Fuerza Vecinal, quién habría optado por apoyar la primaria y al candidato ganador, mantiene en la actualidad la incertidumbre de si acompañará a María Corina, apoyar a otro candidato o si promoverá un candidato propio aun cuando ya habría afirmado no tenerlo. Finalmente tenemos a Benjamín Rausseo, quién ha reafirmado su candidatura presidencial pero que, hasta ahora, ha disminuido su presencia mediática y en campo.

En resumen: el universo opositor se alinea en la agenda electoral pero no en la articulación conjunta de una candidatura, siendo un elemento que juega a favor del gobierno.

Teniendo esto en cuenta, se mantiene la incógnita en relación al abordaje de las tensiones con Guyana sobre la defensa del ahora estado de la Guayana Esequiba, por lo que no es descabellado preguntarse, ¿el 2024 es un año electoral o un año de tensión condicionado por el conflicto con Guyana?


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